La Cara perfecta
Y Ella aparecía sin mirarte y mirando a no se sabe dónde sin curvar sus labios, pero haciendo de estos los más deseables del mundo.
Dentro de su cara de piel blanca y pecosa las marcas precisas de niña enfurruñada.
Rubia dorada de mechones caídos que invitan a la caricia, a la caricia que falta para alcanzar su mirada.
Esos ojos grandes, rasgados, mitad curiosos mitad sorprendidos que emboban sin pretenderlo.
Esos que llevan a su boca, a sus labios con deseos de beberlos, de morderlos, de besarlos hasta perder el alma.
Una belleza sin dulce y sin artificio, una mujer salida de una realidad perfecta.
Un deseo carnal no permitido, una compañera amante, una confidente extraña que guarda entre sus ojos y su cara sorprendida todos los secretos de la felicidad que te espera dormida.