El Esclavo
Era imposible disimular esa mezcla de sentimientos cuando tomaba su papel de guía y ama de su destino.Apenas utilizaba dos dedos para levantar su cara y obligarle a mirarla, a ver cómo ella, con una mueca de indiferencia y superioridad apenas disimulada con una sonrisa, le hacía sentir esa vergüenza de mostrar su cuerpo sin ningún control sobre él. Le obligaba a quitar su manos de su sexo, a abandonar ese pobre intento de taparse para mostrarle cómo y a quien quería. Mostrar lo que ella quería. Se sometía a aquellas miradas, a aquellas caras que sonreían y comentaban sólo porque ella disfrutaba y quería que así fuera.
Ella elegía quién y cómo, qué y cuándo... él tan solo esperaba el deseo camuflado en el poder de su mirada, en las instrucciones de sus palabras, en su propia vergüenza y en el descrédito de sus actos.
Solo para ella, solo para su placer.